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Por qué , y cómo, iremos a la Marcha del #7N contra las Violencias Machistas.

Escucha

El próximo 7 de noviembre el Movimiento Feminista convoca una marcha estatal contra las violencias machistas. El llamamiento se hace a toda la sociedad, lo cual nos incluye a nosotros, los hombres.

Muchos hombres nos desmarcamos de este tipo de convocatorias, o no nos sentimos interpelados cuando se habla de asumir nuestra reponsabilidad a la hora de erradicar las violencias machistas, desde el “yo jamás he pegado a una mujer”. Hay un montón de violencias invisibles que tenemos integradas y naturalizadas, y de las que no nos damos cuenta, más allá de las más visibles, como puedan ser el maltrato físico, la violación o el asesinato. Asumir nuestra responsabilidad en esta cuestión no es otra cosa que asumir el deseo de cambiar la sociedad y transformarla. De la misma forma que deseamos una sociedad no racista, no clasista, democrática, respetuosa con el medio ambiente, no capitalista… y luchamos por ello, deberíamos desear y luchar por una sociedad igualitaria donde las mujeres no sufran ningún tipo de violencia por el hecho de ser mujeres, donde ninguna persona sea discriminada por su género u orientación sexual.

Una buena forma de empezar a asumir esa responsabliliad es ir a la Marcha del 7 de Noviembre, mostrar nuestro rechazo a la violencia machista, nuestro compromiso cotidiano para tratar de que desaparezca de nuestras (sus) vidas, y nuestro apoyo a la lucha feminista. Puede que acudir a una manifestación sea algo simbólico y puntual, pero ya hemos visto en los últimos años como la sociedad movilizada puede impulsar cambios reales.

Sin embargo, creemos que una manifestación feminista tiene algunas particularidades que los hombres deberíamos tener en cuenta, y algunas reflexiones que deberíamos hacernos.

Deberíamos preguntarnos si aparte de ir a las manis que convocan desde los movimientos feministas, hacemos algo los otros 364 días del año. Porque es ahí donde está el trabajo real, que produce cambios. Es en el día a día con nuestra madre, hermana, pareja, amiga, compañera del trabajo… donde hay que cambiar las prácticas cotidianas para crear una sociedad más igualitaria y dejar a un lado las relaciones de poder. Probablemente no sea muy visible… pero pensemos que ellas llevan haciendo un trabajo invisible desde hace siglos que hace la vida posible. Ahora nos toca a nosotros.

También deberíamos preguntarnos si se nos ha invitado a ir a la mani. En este caso es así, pero no lo es siempre. Es muy fácil de averiguar, basta con leer el comunicado que haya sacado el colectivo en cuestión y ver si se nos convoca, como hombres, a salir a la calle rodeado de mujeres feministas. Si no es así, lo mejor es que nos quedemos en casa preparando la cena, porque nuestra compañera probablemente venga con mucha hambre, que eso de la lucha abre el apetito que no veas! (si no tenemos a nadie de quien cuidar, siempre podemos coger un libro sobre feminismo…)

Algunos de nosotros nunca nos hemos acercado mucho al feminismo, ni nos hemos planteado nuestros privilegios como hombres. Pero efectivamente, el colectivo en cuestión convoca a toda la sociedad a salir a la calle a manifestarse, y tras el tremendo verano en que han asesinado a 37 mujeres y 8 menores, decidimos ir.

Nosotros hemos decidido dejarnos el megáfono en casa. Procuremos que nuestra voz no se escuche más que las de las mujeres que están en la mani; No se nos ocurre cantar eso de “nosotras parimos, nosotras decidimos” Nosotros no parimos. Hoy son ellas las protagonistas, no nosotros.

También nos dejamos la bandera del partido, sindicato, asociación… en casa. No le va a pasar nada, y además, todas estas organizaciones deberían hacérselo mirar en cuanto a sus políticas de género.

Cuidado con ponernos en la cabecera, ni cerca de la cabecera, ni en la mitad de la mani. Insistimos: hoy las protagonistas son ellas, no nosotros, los hombres. Tenemos cientos de manis, concentraciones, movilizaciones… al año para estar bien visibles. Por un día que seamos discretos no nos va a pasar nada, y las mujeres que haya en la mani nos lo van a agradecer. Si vamos con un grupo de amigos, podemos ponernos a la cola de la manifestación, mostrando nuestro apoyo con nuestra presencia. De verdad, con eso basta, y eso es lo que nos están pidiendo al convocarnos a la mani; que con nuestra presencia mostremos nuestro apoyo a la lucha feminista, nada más.

Hay un punto que es muy importante y que tras cada manifestación feminista provoca controversia. No nos enfademos si alguna mujer muestra su rechazo a nuestra presencia en la manifestación. Es normal que de entrada mostremos rechazo e incomprensión a esta actitud, estamos ahí con toda nuestra buena intención, ¿y encima se nos recrimina? Hagamos un esfuerzo por escuchar y tratar de comprender. Reflexionemos y preguntemos. Lo de que los tíos vayamos a estas manis no es un debate fácil dentro del feminismo, y no todas están de acuerdo. Una manifestación feminista es un lugar estupendo para poner en práctica eso de la escucha activa. Es decir, escuchar lo que nos están diciendo y pensar sobre ello. Fácil, ¿verdad? Pues es algo que a los tíos nos cuesta un montón. La mayoría de los espacios y los momentos de la vida están copados por hombres, y muchas mujeres desean crear espacios sólo para mujeres, así que es posible que alguna muestre su rechazo al vernos en la mani. Antes de soltar aquello de “todos somos personas” pensemos en las muchas desigualdades que nos separan y los privilegios que nos sitúan por encima de las mujeres. Como decíamos al principio, tenemos otros 364 días al año para currárnoslo, y todos y cada uno de esos días son más importantes que lo que podamos hacer en una manifestación de un par de horas.

Decimos esto porque ya ha pasado y nos hemos ido a casa pensando que las feministas son unas feminazis-separatistas-cortahuevos-hembristas y todas esas estupideces que se dicen en la prensa y demás lugares llenos de hombres cagados de miedo por perder sus privilegios. Aparte de la escucha activa, deberíamos ejercitar también la lectura activa. Dejemos las lecturas revolucionarias a un lado por una temporada, y leamos algo de feminismo. De verdad, no nos va a sentar mal. Probablemente descubramos que las feministas no quieren cortarnos los huevos (bueno, algunas sí, pero nos lo hemos ganado a pulso) sino crear una sociedad más justa e igualitaria, donde nadie esté por encima de nadie por cuestiones de género, raza, clase u orientación sexual.

Este texto está escrito por hombres, pero no habría sido posible sin muchas lecturas feministas, conversaciones, meteduras de pata… y sin todo el trabajo que desde el feminismo se lleva haciendo años y años.

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